EL GOLPE DE ESTADO DE URIBURU A YRIGOYEN

Fue el primer golpe de estado de nuestro país. Sucedió el 6 de septiembre de 1930. Yrigoyen había llegado a la presidencia por segunda vez con más del sesenta por ciento de los votos.

El 6 septiembre de 1930, se produjo el primer golpe de Estado  en la Argentina desde la vigencia de la Constitución de 1853. Ese día, los cadetes del Colegio Militar, encabezados por el general José Félix Uriburu, desalojaron del poder a Hipólito Yrigoyen quien dos años antes, en las elecciones nacionales de 1928, había llegado por segunda vez a la presidencia, con más del 60 por ciento de los votos, acumulando el doble de sufragios sobre todos los demás partidos reunidos. El triunfo fue tan contundente que pasó a la historia como “el plebiscito”.Sin embargo, la composición del Congreso no le fue tan favorable. Aunque en la Cámara de Diputados contó con 91 diputados propios frente a 67 opositores, en el Senado la proporción fue de 7 a 19, lo que le impidió sancionar el proyecto de ley de nacionalización del petróleo que muchos indican como la causa fundamental de su caída.En su segunda presidencia, Yrigoyen se propuso desarrollar una política económica que defendiera los intereses nacionales y una política social para amparar a los más desprotegidos. Se fundaron 1.700 escuelas y logró algunas leyes previsionales. Pero debió enfrentar el hostigamiento continuo de las fuerzas conservadoras que no podían derrotarlo en las urnas. 

Además, a fines de octubre de 1929 se produjo la caída de la Bolsa de Nueva York, que sumió en una crisis económica a todos los mercados del mundo y también a la Argentina. El gobierno no reaccionó. Había que tomar medidas, pero los legisladores oficialistas se peleaban entre sí en el Congreso y hasta un senador radical antipersonalista llegó a plantear que los neurólogos debían estudiar al Presidente porque era un perfecto caso de patología mental.

Producido el golpe, Yrigoyen fue encarcelado en la isla Martín García donde permaneció casi dos años. En esa prisión, recibió a Francisco Cicotti, periodista del diario La Nación ante quien dio su propia versión de lo sucedido: “Se produjeron los acontecimientos de septiembre, sobre todo a raíz de mi enfermedad, de una violenta gripe que más tarde me ocasionó una congestión pulmonar y me impidió con eficacia en el arreglo de la situación sin derramamiento de sangre. Era interinamente ministro de Guerra el señor (Elpidio) González. El titular de la cartera (Dellepiane) había renunciado porque contra mi voluntad quería hacer frente con la fuerza al motín”.Yrigoyen aseguró que “el señor González vino a mi casa a enterarme del levantamiento de los cadetes y de los aviadores. De acuerdo con el vicepresidente Martínez, yo había dispuesto hacer venir de La Plata a la tropa, siete u ocho mil hombres para cercar el arsenal y persuadir a los sublevados. A pesar de mi gran enfermedad yo mismo habría dirigido el arsenal para pacificar a los muchachos, cuando me informaron que los generales (Agustín P.) Justo y Arroyo en nombre de su colega Uriburu, había notificado mi inmediata deposición, amenazando con un bombardeo”.

Cuando el periodista aludió a la crítica opositora respecto de sus deficiencias en la gestión, Yrigoyen respondió:

“Cuando yo estuve en el gobierno los problemas y las dificultades eran tan complicadas y pesadas que tuve que trabajar de la mañana a la noche, sin descanso. El país se encontraba sembrado de miseria y sufrimiento, mientras unos pocos sinvergüenzas chupaban ávidamente dinero de donde podían, entidades distintas, hombres de destacadas actuaciones eran parásitos del presupuesto, el Banco Hipotecario Nacional, algunos diarios cobraban ilegítimamente millones de pesos. Yo he vivido días y noches investigando, reprimiendo abusos, arreglando situaciones complicadas mientras tenía que asistir al país enfermo en los trances de una crisis terrible. A ningún hombre de gobierno incumbió tarea tan espantosa”.

El presidente Yrigoyen fue encarcelado, acusado de malversación de fondos, entre otros cargos. Al respecto dijo:

“Las acusaciones de malversación de 158 millones de pesos no tienen fundamento. Yo creo que cuando el gobierno tiene una paridad destinada a un servicio y se ha llenado el cometido puede sin inconveniente dar lo que le sobra, aplicándolo a otra exigencia de interés público”. 

Por último declaró:

 “Pueden insultarme como quieran pero el país sabe que soy honrado, patriota y que no me he enriquecido con el gobierno. Durante mis dos presidencias nada he comprado, nunca hice negocios de ninguna clase y mi desinterés es bien conocido. No tengo odio por mis adversarios, a quienes a menudo he beneficiado. Creo firmemente que si se hace leal y libremente la lucha electoral el mundo entero verá defendida por el país mi inconfundible ética política”.

Este fue el primer quiebre del orden institucional de la Argentina, dando comienzo a una costumbre del siglo XX en nuestro país, donde el partido militar se atribuyo los destinos de nuestra patria, tomando el poder en distintas ocasiones, algunas sangrientas como todos sabemos. Hoy debemos tener en claro, que por malo que sea el gobierno de turno, el orden democrático no debe ser alterado,  ya que tanta sangre costo lograrlo,  mantenerlo y mejorarlo debe ser el compromiso y la tarea de todos.

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