MASACRE DE LOS CURAS PALOTINOS EN LA IGLESIA DE SAN PATRICIO

Sacerdotes y seminaristas palotinos asesinados. ALFREDO LEADEN Nacido el 23 de mayo de 1919 en Buenos Aires, Capital Federal. ALFREDO JOSÉ KELLY Nacido el 5 de mayo de 1933 en Suipacha, Bs. As. PEDRO EDUARDO DUFAU Nacido el 13 de octubre de 1908 en Mercedes, Bs, As. SALVADOR BARBEITO DOVAL, seminarista, nacido el 01/09/51 en Pontevedra, España. EMILIO JOSÉ BARLETTI, seminarista, nacido el 22/11/52 en San Antonio de Areco, Bs. As.

Se conoce como Masacre de San Patricio, o de los palotinos, el asesinato de tres sacerdotes y dos seminaristas palotinos el 4 de julio de 1976, durante la dictadura militar, ejecutado un “grupo de tareas” en la iglesia de San Patricio, ubicada en el barrio de Belgrano, Buenos Aires.

Los religiosos asesinados fueron los sacerdotes Alfredo Leaden, Alfredo Kelly y Pedro Duffau y los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti. 

Aquel crimen fue el hecho de sangre más importante que sufrió la Iglesia argentina en toda su historia. Sin embargo, la cúpula católica mantuvo un llamativo silencio, jamás exigió con la debida fuerza el esclarecimiento del crimen y mucho menos reclamó el castigo a los culpables. 

Alrededor de la una de la mañana del 4 de julio de 1976, tres jóvenes, Luis Pinasco, Guillermo Silva y Julio Víctor Martínez, vieron como dos automóviles estacionaban frente a la iglesia de San Patricio.

Como Martínez era hijo de un militar y pensó que podría tratarse de un atentado contra su padre, fue a la Comisaría Nº 37 para hacer la denuncia. Minutos después un automóvil policial llegó al lugar y el oficial Miguel Angel Romano habló con las personas que estaban en los autos sospechosos.

A las 2 de la mañana Silva y Pinasco vieron como un grupo de personas con armas largas salían de los autos sospechosos y entraban a la iglesia. 

A la mañana siguiente, a la hora de la primera misa, un grupo de fieles esperaba frente a la puerta de la iglesia que se encontraba cerrada. Extrañado por la situación, el joven Fernando Savino, organista de la parroquia decidió entrar por una ventana y encontró en el primer piso los cuerpos acribillados de los cinco religiosos, boca abajo y alineados, en un enorme charco de sangre sobre una alfombra roja.

Los asesinos habían escrito con tiza en una puerta:
 “Por los camaradas dinamitados en Seguridad Federal. Venceremos. Viva la Patria.” 

También escribieron en una alfombra: 

“Estos zurdos murieron por ser adoctrinadores de mentes vírgenes y son M.S.T.M.”

La sigla “M.S.T.M.” corresponde al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, en tanto que la primera frase sobre “Seguridad Federal” está evidentemente referida al atentado con explosivos que Montoneros había realizado dos días antes en el comedor de esa dependencia policial causando la muerte de 20 policías . 

Sobre el cuerpo de Salvador Barbeito los asesinos pusieron un dibujo de Quino, tomado de una de las habitaciones, en el que Mafalda aparece señalando el bastón de un policía diciendo: “Este es el famoso palito de abollar ideologías”.

 Al día siguiente, el diario La Nación publicó una crónica sobre la masacre que incluía el texto de un comunicado del Comando de la Zona I del Ejército que decía: 

“Elementos subversivos asesinaron cobardemente a los sacerdotes y seminaristas. El vandálico hecho fue cometido en dependencias de la iglesia San Patricio, lo cual demuestra que sus autores, además de no tener Patria, tampoco tienen Dios.” 

Ese mismo 5 de julio de 1976 se realizó en la iglesia de San Patricio una misa por los religiosos asesinados. A la misma se presentaron altas autoridades militares y más de tres mil fieles. En el valiente sermón pronunciado por el padre palotino Roberto Favre, parcialmente publicado al día siguiente por el diario Clarín, aquel dijo:

“No puede haber voces discordantes en la reprobación de estos hechos. Tenemos necesidad de buscar más que nunca la justicia, la verdad y el amor para ponerlas al servicio de la paz… Hay que rogar a Dios no solo por los muertos, sino también por las innumerables desapariciones que se conocen día a día… En este momento debemos reclamar a todos aquellos que tienen alguna responsabilidad, que realicen todos los esfuerzos posibles para que se retorne al Estado de Derecho que requiere todo pueblo civilizado.”

 El entonces nuncio apostólico en la Argentina, Pío Laghi, concelebró la misa y le dijo ese mismo día a Robert Cox, director del diario Buenos Aires Herald: 

Yo tuve que darle la hostia al general (Carlos Guillermo) Suárez Mason. Puede imaginar lo que siento como cura… Sentí ganas de pegarle con el puño en la cara. 

En agosto de 1975 un grupo armado secuestró por una horas a Mariano Grondona, conocido abogado y periodista simpatizante de la dictadura. Al liberarlo sus captores le indicaron que debía llevar un mensaje a los obispos: que si seguían tolerando a sacerdotes de izquierda “proseguirían los episodios como el de los palotinos y sufririan una escalada hacia la jerarquía eclesiástica”. Grondona comunicó el mensaje al Nuncio Pio Laghi y al vicario castrense Monseñor Tortolo, pero no hizo denuncia alguna del secuestro ni puso el hecho en conocimiento de la justicia hasta 1984.

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